sábado, mayo 21, 2011

LOS Y LAS JÓVENES QUE SE CUENTAN

*Escrito para colaboración en una publicación en febrero de 2011


“¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mudo de paciencia y asco?
¿solo graffiti? ¿rock? ¿escepticismo?
También les queda no decir amén
No dejar que les maten el amor
Recuperar el habla y la utopía
Ser jóvenes sin prisa y con memoria
Situarse en una historia que es la suya
No convertirse en viejos prematuros”
Mario Benedetti.
Memoria y esperanza. Mensaje de un octogenario a los jóvenes.


(Allá por la década de los 90, un fabricante francés de automóviles, lanzó una campaña dirigida a eso que los publicistas llaman target de jóvenes, el sector de población al que más comerciales se dedican). El spot en cuestión vendía  un coche para los JASP: los jóvenes, aunque sobradamente preparados.
Era en la época en la que los jóvenes en Europa éramos la respuesta a todo, la generación mejor preparada de la historia, con unos grandes valores, los capaces de cambiar el rumbo y las tradiciones políticas de nuestros países, no nos faltaba de nada. A la generación JASP, posterior a la del babyboom, le acompañó la generación X[1],  y le siguieron la Y, la Z,  la G y la de unas cuantas letras más. Y es que siempre ha sido una afición la de poner etiquetas a los y las jóvenes, y éstos los que con sus gestos parecen huir permanente de las mismas.
No pasó mucho tiempo desde esas calificación de los jóvenes como gran esperanza, para que algunos sectores cambiaran el discurso, y las mismas personas que un par de años antes eran las que iban a asumir las revoluciones y el progreso de nuestros países, pasaron a convertirse en unos vagos, ociosos sin valores, consumistas con el único afán de drogarse y beber alcohol los fines de semana. ¿Por qué ese cambio?
El mismo eslogan de los JASP fue transformado una década después de su popularización en España por una joven periodista[2] para referirse, a esa también definida como generación perdida, como la de los Jóvenes, aunque sobradamente cabreados. Se hablaba de una realidad, de unos jóvenes rebelados contra sus etiquetas y contra el desprecio de quienes les acusaban de pasotismo. Y es que lo que se dice no siempre tiene que ver con la realidad.
Cuando se habla de juventud, los medios de comunicación en cualquier parte de Iberoamérica, y posiblemente del mundo, muestran un deleznable interés sensacionalista. Es cierto que puede parecer extraño que si el principal problema para la juventud de muchos países es el de poder acceder a un proyecto autónomo de vida con unas condiciones laborales dignas y seguras, puede resultar llamativo que apenas un 4,5%[3] de jóvenes pertenezcan a organizaciones de protección de los derechos de los y las trabajadores y trabajadoras, pero si nos fijamos en qué hacen sus mayores descubriremos que no es menos participativa la juventud de lo que lo son o lo fueron generaciones precedentes.
Si estas son las fotos de hace 10 ó 20 años, la de hoy no es tan diferente, aunque aparecen nuevos componentes que nos pueden permitir quitarnos las etiquetas. Nos contaron historias, nos marcaron y nos dijeron que no teníamos nada que hacer, que no había conquistas ni luchas para nosotros, que los que nos precedieron ya habían cambiado el mundo. ¿Y si no nos gusta el mundo que nos dejaron?, ¿y si aún está todo por resolver?, ¿por qué nos cuentan y no nos dejan que contemos?
Hoy, se vuelve a hablar de jóvenes “pasotas” y precarios, con la misma facilidad con la que se contempla como miles de ellos y ellas se revelan contra el autoritarismo en sus países. ¿Qué tenemos que creer?
Lo cierto es que el mundo está por construir y necesita obreros.  Cada vez aparecen nuevos temas que hacen imprescindible que la gente joven asuma sus banderas generacionales.
Temas como las migraciones y la globalización, la respuesta de un nuevo modelo económico tras la crisis económica mundial,  del modelo energético, de la producción y reparto alimentario, de la riqueza…,  la igualdad real y no discursiva entre mujeres y hombres, las tecnologías de la información y su oportunidad para la igualdad o para generar una brecha digital que sumar a las causas de la pobreza, y algunos otros. Todos son temas que requieren ser abordados desde la óptica de la juventud, son cuestiones a los que generaciones anteriores no tuvieron que hacer frente y que de las respuestas que se adopten hoy, dependerá el futuro.
Para aquellos que siguen pensando en una juventud individualista, precaria y poco participativa, ahí tienen algunos de los riesgos que asumimos si hoy seguimos generando apatía, desinterés y una imagen catastrofista de la juventud, si les seguimos diciendo que no tienen retos que asumir, que estas son cuestiones de la política y que la política es sólo para los políticos.
Para los que siguen empeñados en poner nuevas etiquetas, en generalizar a los NI-NIs (jóvenes que ni estudian ni trabajan) que piensen por un momento en que a pesar de todo, la gente joven hoy sigue siendo protagonista cuando se produce un cambio de gobierno, cuando se crean proyectos y empresas innovadoras, cuando se producen muestras de solidaridad, cuando se hacen las cosas de otra manera, también para aceptar con normalidad nuevas formas de integración y la convivencia al margen de las pautas de “normalidad” establecidas, cuando en el norte de África la ciudadanía clama un basta ya contra el absolutismo,… pero que todo esto no requiere de etiquetas, requiere de medios, confianza y expectativas de futuro para la generación que más incertidumbre, más desconfianza en el futuro y más posibilidades de dar pasos hacia atrás en el reconocimiento de avances sociales ha tenido en nuestra historia reciente.
Si hace unos años hablábamos de tecnologías como nuevas, hoy las Tecnologías de la Información, la Comunicación y la Participación (TICPs) forman parte de nuestro día; y el cómo están siendo utilizadas, son el mejor medio para darnos cuenta de cómo somos, y superar las barreras sociales y económicas, comunicarnos como queramos y como queremos ser. Hoy podemos superar distancias, recuperar la imaginación de cuando éramos niños y que nuestras obligaciones sociales y formación destruyeron, editar la definición de “juventud” de la mayor enciclopedia libre y políglota a través de la red, colaborar, opinar, construir, decidir asumir esos retos generaciones.
Tal vez consigamos que se deje de contar a los jóvenes y de contarles historias, tal vez consigamos tenerles en cuenta, tal vez, como afirmó Quino, algún día dejen a los jóvenes construir su propia juventud.



[1] Aunque el término Generación X tuvo su origen en Reino Unido, también fue utilizado en países de habla no inglesa como España, México o Bolivia, con distintas características.
[2] Jóvenes, aunque sobradamente cabreados, La rebelión juvenil y el 14M. Pilar Velasco. Ediciones B. 2005
[3] Observatorio de la Juventud en España. Instituto de la Juventud. Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad

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